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Nuestro pasado, arma de nuestro presente : la lucha del pueblo boliviano

lundi 26 juin 2006, par Boris Ríos B.

...Sólo tiene derecho a encender en el pasado la chispa de la esperanza aquel historiador traspasado por la idea de que ni siquiera los muertos estarán a salvo del enemigo, si éste vence. Y este enemigo no ha dejado de vencer.

Walter Benjamín, tesis VI de las Tesis de filosofía de la historia

En el devenir de las luchas bolivianas, que empezaron con la “Masacre de Navidad” [1] protagonizada por la represión del primer gobierno de Sánchez de Lozada en 1996, pasando por uno de los más grandes hitos, no sólo bolivianos sino mundiales de la lucha antineoliberal, como es la Guerra del agua de Cochabamba de abril del 2000, se han ido poniendo de manifiesto siglos de resistencias ; desde el anticolonialismo, profundamente arraigado hasta nuestros días, hasta el anticapitalismo y el antineoliberalismo, complementarios con el primero. Dos tiempos se han venido ; uno impuesto con la fuerza y la muerte y otro oculto [2], que ha ido construyendo nuestras utopías. Esta es la historia que escribimos en Bolivia, este es el camino, seguramente incierto, que vamos andando.

Hagamos un repaso de este proceso comenzando por un gran hito hecho por ellos, para luego hablar de los hitos hechos por nosotros.

1. El triunfo neoliberal en Bolivia : la imposición de la “estupidez hecha doctrina”

Marx escribió que “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar : una vez como tragedia y la otra como farsa.”, hoy, no sólo nuestra historia nos acompaña, sino también la de ellos, la de los poderosos.

El 29 de agosto de 1985, con el Decreto Supremo (DS) 21060, el entonces presidente, Víctor Paz Estonssoro, perteneciente al Movimiento Nacionalista Revolucionario, conjuntamente el ex dictador Hugo Banzer, jefe de bancada de Acción Democrática Nacionalista, legalizó lo que ya se había hecho en la práctica : la liberalización del mercado. Esto tuvo consecuencias inmediatas y masivas ; como lo que llamaron con un eufemismo como “relocalización” con el éxodo de miles de mineros y sus familias de los centros mineros a otros puntos del país, así como con la llamada “flexibilización laboral”, que dio inseguridad jurídica a todos los trabajadores.

Esta barbarie fue el retorno al capitalismo bestial surgido de la revolución industrial, con más tecnología, pero con mayor precariedad para los trabajadores.

El triunfo neoliberal no sólo tuvo que ver con la represión policial y militar, sino con la farsa del fin de la historia y con la estafa de “menos Estado y más sociedad” [3], que han marcado el triunfo neoliberal, en el ámbito de lo ideológico.

Justamente, tras la promulgación del DS 21060, el principal enemigo del neoliberalismo ha sido el movimiento obrero [4], el promotor, en mucho de nuestra historia, de una alternativa social, económica y política al capitalismo. Este enemigo, ha recibido no sólo las injurias de “la necesidad de paz social para el desarrollo”, o la “búsqueda de eficiencia y eficacia”, o la de la “competencia sana” y otras falacias, sino la desarticulación de su vida misma ; como trabajadores y como agentes políticos. El libre mercado descentralizó las fábricas, impuso la maquila y deslegalizó las organizaciones de los trabajadores, pero no lo hizo en una lucha franca, sino con las olas -la tercera diría un neoliberal por ahí- del mundo y de la caída de un algo concreto, que significó la evidencia del fracaso del llamado “socialismo real”.

Pero, el neoliberalismo no podía quedarse con la derrota ideológica de su enemigo obrero y de todos los otros quienes no han quedado dentro sus marcos. Ahí, y desde antes, la historia de los bolivianos, la historia de nuestras culturas originarias, de su permanencia sobre un tiempo suyo, ha servido como un instrumento más de lucha. Prueba de esto es el hecho de que el movimiento campesino y originario pase de la resistencia a la ofensiva, convirtiéndose, en este andar contemporáneo, en la vanguardia de las luchas.

2. Las rupturas con lo neoliberal en Bolivia

Las resistencias en Bolivia han sido enormes, y aunque el capital, el neoliberalismo y el olvido hayan intentado borrarlas, todas han sido acumuladas en nuestras memorias. Nuestros muertos siguen luchando el presente. Para entender lo que pasa en Bolivia nunca hay que dejar de lado esta dimensión, que está inmersa explícita e implícitamente, uno u otro o ambos, en las diferentes movilizaciones que han dado otro rumbo al devenir del país.

En 1952, la revolución nacional del 9 abril, rompió con la oligarquía “minero feudal”, pero quiso imponer una modernidad liberal y homogenizante, negando la “otra Bolivia” de las naciones originarias oprimidas por el yugo, primero de los españoles y luego de una república criolla que imitaba -y mal- a una Europa lejana.

El 85 del DS 21060, no fue diferente, incluso, el histórico Paz Estensoro, fue una figura predominante una y otra vez ; la primera con el “nacionalismo revolucionario” y el capitalismo de Estado y la segunda, con un neoliberalismo ortodoxo. Esta vez, la primera como farsa y la segunda como tragedia de las aspiraciones populares.

La bestialidad neoliberal, también homogenizante, quiso destruir la historia, pero al frente se encontró otro tiempo construyéndose hace siglos, a veces en la fuerza de bravos rebeldes y otras en lo subalterno, entre los bloques de cemento, la discriminación, la opresión y la explotación. Repasemos algunos hitos.

2.1. La Guerra del agua de abril del 2000

Una transnacional, Betchel, con el aval del gobierno de Hugo Banzer, el “dictador elegido” [5], quiso privatizar el agua de Cochabamba a través de “recibir en concesión” la empresa de Servicio Municipal de Agua Potable y Alcantarillado (SEMAPA). Su primer acto fue el alza de las tarifas del agua bajo la protección del gobierno. Este abuso, esta miserable angurria del capital, fue inmediatamente respondida por la población, que en jornadas de confrontación con la represión militar y policial propiciada por el gobierno del exdictador, decidieron no retroceder un milímetro. Desde entonces, la gente sencilla y trabajadora, del campo y de la ciudad, empezó a escribir otra historia, su historia.

La Coordinadora de Defensa del Agua y de la Vida, sobre la historia de la organización popular, en asambleas y cabildos, con la presencia de la Federación de Trabajadores Fabriles de Cochabamba, desandando un largo camino impuesto por el neoliberalismo, y supo andar uno diferente, uno que falta andar, pero marcó al país y al mundo, cuando una transnacional se fue, perdió y pese a todos sus esfuerzos no dobló el brazo al pueblo de Cochabamba [6].

2.2. El octubre negro del 2003 : la guerra del gas

La política neoliberal, la privatización del patrimonio del país, comenzó a profundizarse cada vez más. De esta manera, el asesino Sánchez de Lozada, bajo el liderazgo criminal de su ministro de gobierno, Sánchez Berzaín, no titubeó en masacrar al pueblo cuando este pedía mayores beneficios del negocio de los hidrocarburos, un recurso natural no renovable e importante interna e internacionalmente.

La historia de esta revuelta, protagonizada por aymaras [7] no pudo ser vuelta atrás por el mal gobierno y sus armas y sus cárceles [8], más al contrario, consiguió expulsar a un presidente, reconocido internacionalmente, por la región y el mundo, por aplicar ortodoxa y directamente las medidas instruidas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Sánchez de Lozada huyó a su país, Estados Unidos de Norteamérica, despavorido por ese pueblo al que creyó amedrentar con balas, huyó de la justicia popular y, hoy en día, evade cobardemente sus responsabilidades por los muertos y por los heridos, oculto y abrazado por sus mentores y dueños ; los ricos y poderosos del imperialismo yanqui.

Octubre negro fue un golpe intestinal a la derecha, al neoliberalismo y al racismo en Bolivia. Dos años más tarde se producirían elecciones ante los acongojados llamados “partidos tradicionales”, quienes no han muerto, ni mucho menos, pero han sido heridos profundamente.

3. El avance de nuestra historia

Luego de Sánchez de Lozada, su vicepresidente, Carlos Mesa, asumió la presidencia. Su corta gestión se caracterizó por estar dirigida por un liberal aristócrata, continuador las políticas neoliberales y buscador de un populismo de derecha que tan rápidamente como subió supo desarticularse.

Las fuerzas sociales derivaron en la dimisión de Mesa en la promulgación de elecciones por decreto, bajo la dirección de otro liberal, el presidente Veltzé, que no arriesgó más al deslegitimizado “sistema de partidos políticos” y la democracia que lo constituye. Las elecciones generales se llevaron adelante en diciembre de 2005 y pese a todos sus esfuerzos, la derecha fue derrotada por la historia.

La gente sencilla y trabajadora, golpeó a la derecha. De esta manera, el Movimiento al Socialismo llegó al gobierno, de todas maneras, sería erróneo pensar que el pueblo haya entendido que gobierno y sociedad son lo mismo, lo que es lo mismo, que este tipo de Estado lo es.

El actual gobierno ha dado pie a algunas reivindicaciones populares ; a veces peor que otras. Esto es importante porque permite avanzar a los movimientos sociales, a las clases explotadas y a las naciones oprimidas, hacia la materialización de un proyecto societal, esto no quiere decir que, por ejemplo, las naciones oprimidas o la clase obrera no lleven en sí mismas la antitesis al capitalismo y su modelo neoliberal, pero sí, por eso mismo, que no lo hayan hecho para sí.

La izquierda tradicional boliviana, si es que hoy queremos hablar más de retórica que de realidades, se ha quedado atrás en todo. No sería justo, sin embargo, no ver en los actuales movimientos sociales, en las acciones colectivas, las marcas de la izquierda honesta, que de todas maneras, se encuentra difuminada allí, en las masas, en lo colectivo de ellas.

La sociedad nueva que construimos, el camino que andamos, es algo que no queremos perder. Sabemos que en Chiapas o Colombia, por dar algunos ejemplos, nuestra solidaridad es importante, porque así como para esos lugares es importante, en nuestro país también lo es. Sabemos que el problema del poder, en toda su dimensión, no es el problema de un gobierno o de otro, sino de nosotros mismos. Están con nosotros nuestra historia, nuestras culturas, nuestras rebeldías, nuestros muertos, que un día, podrán triunfar con nosotros.

Boris Ríos B.


Bibliografía

- Benjamín, Walter, tesis VI de las Tesis de filosofía de la historia, en : Benjamín, Walter, Ensayos escogidos, Ediciones Coyoacán, 1995, México DF.

- Garcia, Alvaro, Reproletarizacion. Nueva clase obrera en Bolivia, Muela del diablo, 1998, La Paz.

- (coordinador), Chavez, Marxa, Patricia,Costas,
Sociologia de los movimientos sociales en Bolivia. Estructuras, movilizacion, repertorios y accion politica, Oxfam/Diakonia, 2005, La Paz.

- Gómez, Luis, La disputa por el tiempo. El Pachakuti en marcha en Bolivia, ponencia presentada en la Tercer Jornadas sobre movimientos sociales e indígenas en America Latina, La Paz 2006.

- El Alto de puie. Una insurrecion aymara en Bolivia, Comuna/HdP/Coordinadora de Defensa del Agua y la Vida/ Fundacion Abril/ Indymedia Bolivia, 2004, La Paz.

- Marx, Carlos, El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, Editorial Progreso, s/f, Moscú.

Notes

[1Para mayores datos ver : Orellana, Lorgio : La Masacre de Navidad. Un fragmento de la violencia estatal y resistencia popular en Bolivia en : http://www.nuso.org/revista.php?n=153

[2Ver : Luis Gómez, La disputa por el tiempo. El Pachakuti en marcha en Bolivia, Ponencia presentada en las terceras jornadas sobre los movimientos sociales e indigenas en America Latina, La Paz, 2006.

[3Como se menciona en:Garcia, Alvaro (Coordinador), Sociología de los movimientos sociales en Bolivia...

[4Existe una relacion entre clase y etnia en Bolivia, que trata de ocultarse y que a veces, incentivada por el capital, parece contradictoria.

[5Haciendo referencia a la biografía no autorizada de Martin Sivak, que lleva el mismo nombre.

[6Bechtel inició una demanda por daños y perjuicios contra el pueblo de Cochabamba que ascendía a 25 millones de dólares, pero que a principios de 2006 dejó sin efecto debido a la presión internacional que se dio por la solidaridad de miles y miles de personas.

[7Indígenas del altiplano boliviano, que pueden considerarse como una nación.

[8Para profundizar, ver : Gómez, Luis, El Alto de puie. Una insurrecion aymara en Bolivia, Comuna/HdP/Coordinadora de Defensa del Agua y la Vida/ Fundacion Abril/ Indymedia Bolivia, 2004, La Paz.

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